Esta sección reúne palabras dedicadas a Alfredo a lo largo del tiempo: reflexiones de amigos, colegas y familia que lo evocaron en cartas, artículos y escritos. Son voces diversas que recuerdan su legado y la profunda impresión que dejó en quienes lo rodearon.
José Albuja Cháves
» Idolatrado Padre:
Te escribo allá. Donde hoy te encuentras bajo la forma de espíritu y flama, de energía eterna y permanente. Te envío mis palabras hacia aquella estrella, a la que viajaste con el pasaporte sin retorno, y desde la cual te propones enviar tus saludos, abrazos, consejos, recuerdos y nostalgias a los tuyos y a quienes por acá no entendemos todavía tu decisión… si amabas tanto la vida!
Te escribo porque hoy dispongo de un cómplice amigo que se ha ofrecido llegar decidido y vigilante con esta correspondencia: el viento andino de mi tierra; los aires musicales de mi tierra que emergen del límpido azul del Cuicocha y haciendo escala en el romántico Cotacachi y el Taita Imbabura se desplazan llevando el paisaje de tu provincia en un cuadro multicolor, con trazos de ríos, montes, lagos y llanuras que debes colocarlo en lugar preferente de tu entorno de silueta.
Y no llego con mi carta al frío cementerio y la húmeda tierra que cobija tu cuerpo, el mismo que con los meses y los años, convertido en polvo y ceniza, formará parte de sus propias entrañas. No llego al camposanto del silencio, del dolor y del misterio que penetra por las venas, sobrecogen el espíritu y atraviesan el corazón. No llego allá con mi carta y mis palabras porque simplemente no me escucharías…
Te cuento que tu viaje, mezcla de anuncio y de sorpresa, nos tomó desprevenidos. Pero, en fin, alcanzamos a agitar los brazos y pañuelos, exaltar lágrimas y contener temblores, despidiendo tu vehículo de flores y perfumes con rumbo al infinito. Allí nos encontramos parientes y amigos. La cita fue amalgama de juventud y madurez, de intelecto y cultura, de solidaridad entrañable; de cariño y sinceridad; de oración y homenaje. Y en aquel día hasta el sol te acompañó, pues la tarde devino en tibia y azulina, hasta perderse en el manto de la noche, mientras tú quedabas acostado rodeado de tus últimos peregrinos. Luego el frío habría de calar hasta los huesos.
Después, y con los días, eclosión de bondad y compañía. Inquietudes y detalles de tu viaje a la luz celestial, hermana gemela de la que te acompaño en la tierra. Claro que faltaron unos pocos, de aquellos que se atrasan o enmudecen. Con seguridad los que viviendo en las tinieblas nunca pueden entender de la claridad de las almas.
Tu último libro se encuentra concluido. El mismo que pocos días antes lo tuviste en tus manos e iluminó tus ojos mientras lo acariciabas como a un tierno y pequeño hijo, quizá el último hijo. No lo viste nacer propiamente pero fue lo que tú quisiste, que nos dejas. Habremos de bautizar lo como tu soñaste, con tu presencia, con luz que alumbró tu dulce sonrisa y tus gestos de señor.
Te cuento que te siento en mis actos y decisiones. En las horas de meditación y descanso. En la música del viento. Bajo la sombra del Ceibo centenario, amputado ya casi de todos sus brazos y esperando algún designio. Te siento en mi madre, en mis hermanos, en mi esposa y en mis hijos. En el último beso que le diste a mi nieta, sangre de tu sangre.
Y, en fin, te cuento cómo me duele la impotencia de desprender la maldita enfermedad de tu anatomía. Pero te cuento al oído. Así bajito, tenue y en susurro… cuánta falta me haces!»
Alfonso Espinosa de los Monteros
«Recuedo a magníficos maestros como Alfredo Albuja Galindo, de quien recibí clases de historia universal, psicología, filosofía y ética. Fue el mejor. Tenía un método didáctico y una cultura tan amplia que era imposible apartarse de su exposición. Hacía un cuadro sinóptico en el pizarrón que nosotros copiábamos. {El cuadro sinóptico también es para mí. Así, cuando me salgo del tema, siempre sé dónde regresar}, nos decía siempre sonriendo.
Y es que, efectivamente, su dominio enciclopédico le permitía expandirse en cada tema, recorriendo en el tiempo y en los hechos visiones globales, sobre todo en la historia, donde le era fácil relacionar acontecimientos ocurridos hace siglos con hechos actuales. Yo no quería perder ninguna palabra en sus clases y tomaba apuntes velozmente en un cuaderno. Una vez, en clase de psicología, se extrañó de verme escribir tanto y me pidió el cuaderno. Al día siguiente me lo trajo y, entre sonrisas, me dijo «Cuando quiera escribir un texto, le voy a pedir sus apuntes».
Alfredo Albuja Galindo llegó a ser miembro de la Academia de la Historia, publicó libros importantes como el que reseña la historia del periodismo en el Ecuador y una historia del Ecuador. Fue amigo de mi padre y compartían sus ideas políticas socialistas.»
MEMORIAS, TOMO I 1961-1988
Humberto García Ortíz
Señor Don
ALFREDO ALBUJA GALINDO
Presente.-
Muy apreciado amigo:
He tenido la inmensa satisfacción de leer los originales de su libro «EL PERIODISMO EN LA DIALECTICA POLITICA ECUATORIANA » y no puedo menos expresarle, a reglón seguido mis impresiones.
Por casualidad, poco antes de leer su libro había leído el de Germán Arciniegas, «AMERICA EN EUROPA», y, entonces, me he dado a enlazar sus ideas con las del ilustre colombiano, en todo cuento concierne el movimiento de las mismas, durante los siglos XVIII y XIX, tanto aquí en América, como en Europa, vale decir en el mundo. Y esto se debe, sin duda, a que encuentro cierta similitud de conceptos y de expresiones en ambas obras. El mismo enjuiciamiento de los fenómenos político e ideológico desde fines del siglo de las luces hasta entrar en este siglo XX, tan prometedor al principio, y, luego, tan cargado de tragedia, como que hasta ahora, que ya va para el final, no se vislumbra todavía el nuevo signo que presidirá la marcha de estos pueblos en el siglo venidero. La misma justa valoración de la contribución americana para los planteamientos jurídicos políticos y económicos que se han venido haciendo desde hace una centuria; el mismo tono apasionado en favor de la libertad, de la justicia, de la democracia y de la dignidad de la persona humana en general; igual clamor por la redención de nuestras masas marginadas aún del concierto social y ávidas de participar de los bienes culturales, hasta ahora convertidos en patrimonio exclusivo de los grupos privilegiados; las mismas voces de condenación de la tiranía, de la opresión y de la miseria, y, en una palabra, igual análisis sociológico de las realidades sociales, a partir de la época de los Precursores de nuestra independencia, como Miranda y Espejo, hasta nuestros propios días.
La historia del periodismo en nuestro país es casi una historia de la política nacional é inclusive, puede decirse, de la Historia general. Ud. Ha emprendido en un examen minucioso, apasionado y difícil del desarrollo del periodismo ecuatoriano. Y si digo apasionado es porque así debe hacerse este examen, llevando por delante la pasión por los ideales, por la libertad del hombre, y por la justicia para los pueblos. cómo conforta que, a través de nuestra Historia, política y periodística, salvo contadas excepciones, el hombre del Ecuador siempre vibró cuando se trataba de luchar por su dignidad atropellada!.
Ud. Justiprecia y exalta los nombres de tantos ilustres periodistas ecuatorianos, que queriéndolo o sin querer, se han convertido en verdaderos modelos o maestros para las generaciones posteriores, en símbolos de cuantas aspiraciones deben ser em objeto de todos nosotros. No deja ud. De mencionar ni un sólo periódico ni periodista de los que se han destacado en nuestra Historia. Desde el primero y más notable, el Precursor del periodismo en Quito, hasta los actuales, pasando por Pedro Moncayo, Juan Montalvo, y Abelardo Moncayo, y Juan B. Vela, y Manuel J. Calle, y Pio Jaramillo Alvarado y tantos otros que constituyen una muestra cimera de la altura espiritual a la que puede llegar el hombre ecuatoriano, en medio de la incomprensión del medio, del fárrago de las luchas políticas y de las persecuciones de los mandones del Poder Público. Porque hay que saber cómo ud. Mismo lo dice, que el periodismo en estas tierras bárbaras del siglo XIX, era sacrificio y abnegación, cátedra y barricada, taller y escuela, vocación de rebeldía y de insurgencia y entrega total a la causa más noble, la causa de los derechos humanos, la causa del hombre.
Ud. Hace muy bien en distinguir los dos tipos de periodismo que existen, o, mejor dicho, que pueden existir: el periodismo de ideas y de combate, orientador de la opinión pública y acusador de los tiranos y de los usurpadores del Poder, y el periodismo comercial, de gran empresa, cuyo santo y seña es el negocio, las cuentas bancarias y la contabilidad mercantil, que les sirve para «tasar el bien y el mal», como diría el poeta.
Con la circunstancia de que entre los dos tipos de periodismo hay, por lo menos entre nosotros, una rigurosa sucesión, pues el primero predominó durante el siglo pasado y comienzos del actual, y el segundo es, por desgracia, el de la hora presente. Sin que esto quiera decir que no haya sus excepciones, tanto en la primera como en la segunda etapa.
Su libro es un curso completo de Historia del Periodismo en el Ecuador; su enjuiciamiento y su análisis son certeros y justos; sus conceptos respaldados por la doctrina científica, son exactos; y sus conclusiones son valederas para este tiempo precisamente, en el que el periódico ha llegado a ser un factor o elemento socio-cultural de primer orden. Vivimos en la hora de auge del periodismo y aunque la radio y la televisión tratan de sustituirlo, no sin éxito, al menos por lo que a información se refiere, quedará siempre como tarea encomendada exclusiva o privativamente a la Prensa la de defender la verdad é ilustrar la mente del hombre común, del hombre de la calle, de aquel que, por sus ocupaciones o por cualquier otro motivo, no ha tenido ni tiene tiempo de llegar al libro.
Cultura de periódico, se dice, como dando a entender que es un tipo de cultura en tono menor que no puede alcanzar los niveles de una cultura forjada a través de libros. Pero el periódico, el gran diario, de la vida moderna proporciona un saber , inicial ciertamente, pero a la vez, enciclopédico. Y el hombre actual se ha acostumbrado tanto al diario, que ya no puede pasarse sin él, porque en él encuentra una luz que ilumina y le ayuda a formarse un criterio sobre todas las cosas del mundo y de su propiapropia vida.
La misión de la Prensa, cómo la de todos los factores culturales, es la de guiar al hombre por el camino recto hacia su liberación, hacia la superación del plano de los instintos y de las pasiones, que es aquel en que más fácilmente se mueve. De allí la importancia que tiene la función que cumple el periodista al que se le ha comparado con sacerdote, cuando es desinteresado y honesto. Pero cuando, a la inversa, el periodista es un vulgar gacetillero o «escribidor», listo a salpicar veneno a sus semejantes, un energúmeno que falsea la verdad y miente y engaña a la ciudadanía, pavoneándose como un panfletario, sin pasar de ser un ridículo y adocenado plumario, el periodista es el reverso de lo que debe ser.
La historia de nuestra Prensa es la historia de nuestro País. Ahí están sus luchas, sus glorias y sus derrotas; sus altibajos y sus frustraciones. Pero, por debajo o detrás de todo esto, está también la firme y continua voluntad del Pueblo ecuatoriano por salir victorioso en sus combates menos por la suficiencia de sus armas que por el denuedo en blandirlas contra sus adversidades. Si hay un «destino manifiesto» para nuestro pueblo ese es el de vivir su vida sola, así aislado, encerrado entre los Andes, el Amazonas y el Océano Pacífico, bajo el sol ecuatorial, pero libre y capaz de las más grandes acciones. Y la Prensa, la de ayer y hoy, es el mejor reflejo de este traginar de siglos por los senderos de la Historia, en pos de un horizonte que se divisa en los confines del futuro, cuando el hombre ecuatoriano pueda verse realizado en la plenitud de sus aspiraciones.
Su libro es, para mi una cátedra abierta y palpitante; es una exaltación de ecuatorianidad y de sano orgullo nacional, por medio del cual podemos llegar al descubrimiento o redescubrimientos de la esencia de nuestra nacionalidad. Parodiando una frase común, podemos decir: «Dime la Prensa que tiene un pueblo y te diré lo que ese pueblo puede hacer en el mundo y por el mundo».
Para terminar estas líneas quiero felicitarle por esta su nueva contribución a la Sociología ecuatoriana, que confirma su bien probada vocación de estudioso de la misma, demostrada ya desde los bancos universitarios, en los que me fue grato conocerlo a Ud. Hace ya bastantes años.
Atentamente,
Dr. Humberto García Ortiz
EL PERIODISMO EN LA DIALECTICA POLITICA ECUATORIANA
Enrique Ayala Mora
«Es imposible pensar en la vida y obra de Alfredo Albuja Galindo sin entenderlo como un maestro. Esa fue su vocación fundamental, vitalmente mantenida a lo largo de su acción pública y privada. No sólo fue profesor de muchas generaciones, sino formador, suscitador, conductor de propuestas y acciones. Lo que pensó y escribió lo dedicó primordialmente a la enseñanza y lo hizo con claridad, con pasión, con un imperativo ético permanente.
Don Alfredo fue uno de los últimos exponentes de esa generación de maestros de clara vocación y altísima calidad académica que engrosaron las filas del laicismo ecuatoriano y dieron a la educación nacional su nivel más elevado y sus frutos más ricos. Eran hombres que supieron conjugar la lucha y el compromiso con la calidad de la enseñanza y el pensamiento.
Albuja fue un luchador desde su juventud. Fue un líder en la secundaria en el normal y en la universidad. Albuja era un pensador sin dogmatismos, vocacionalmente inclinado a la apertura de la mente.
Intelectualmente activo hasta su muerte acaecida hace pocos días, Alfredo Albuja dejó obras inéditas que el país tiene el compromiso de sacar a luz. Y dejó también una obra humana que es nuestra obligación relievar y preservar.»
LA OTRA CARA DE LA HISTORIA ECUATORIANA
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